El dólar oficial pasó de 301,37 bolívares en enero a más de 760 en agosto, mientras economistas advierten sobre una nueva espiral inflacionaria. A siete meses del inicio de la gestión de Delcy Rodríguez, persisten las interrogantes sobre la estrategia económica para contener los precios y recuperar el poder adquisitivo.

La economía venezolana atraviesa un nuevo período de fuertes presiones inflacionarias y depreciación del bolívar durante 2026, mientras comerciantes y consumidores intentan adaptarse a precios que cambian constantemente.
A esta situación se suma una interrogante que comienza a ganar peso entre economistas: ¿cuál es el plan macroeconómico del Gobierno para enfrentar el deterioro de los principales indicadores?
A siete meses del inicio de la administración de Delcy Rodríguez, todavía no se ha presentado públicamente una hoja de ruta económica integral que permita conocer las prioridades fiscales, monetarias y presupuestarias para el país.
El dólar más que duplicó su valor oficial
La evolución del tipo de cambio refleja parte de las dificultades.
Venezuela comenzó enero de 2026 con una tasa oficial de 301,37 bolívares por dólar y un euro ubicado en 354,49 bolívares. Para entonces, el mercado paralelo rondaba los 595 bolívares por dólar.
Siete meses después, al 11 de agosto, la cotización oficial del Banco Central de Venezuela (BCV) alcanzó los 761,21 bolívares por dólar, mientras el euro se ubicó en 879,34 bolívares. En el mercado no oficial, la divisa estadounidense rondaba los 865 bolívares.
Esto representa un incremento superior al 150 % en la cotización oficial del dólar desde comienzos de año.
El economista Edison Morales, profesor de la Universidad del Zulia (LUZ), advierte que el comportamiento cambiario está acompañado por una aceleración de los precios.
“En Venezuela hay un repunte inflacionario”, señaló el especialista.
Según las cifras citadas por Morales, la inflación acumulada durante el primer semestre alcanzó 129,8 %, mientras la variación interanual se situó en 544,1 %.
El economista considera que estos indicadores muestran que Venezuela podría estar entrando nuevamente en una peligrosa espiral inflacionaria.
Junio volvió a encender las alarmas
La evolución mensual de los precios también genera preocupación.
De acuerdo con los datos del BCV citados por el especialista, enero registró una inflación de 32,65 %; febrero, 14,6 %; marzo, 13,1 %; abril, 10,6 % y mayo, 6,3 %.
La tendencia descendente se interrumpió en junio, cuando el indicador volvió a subir hasta 13,8 %.
Estimaciones económicas independientes citadas por Morales sitúan además la inflación de julio en 33,8 %, aunque esta cifra no corresponde al indicador oficial del BCV.
“El problema es que la inflación no está controlada y existe un conjunto de variables que están dando lugar a mayores aumentos”, explicó.
Transporte, vivienda, salud y alimentos entre los más golpeados
El incremento de los precios no afecta de la misma manera a todos los sectores.
Según Morales, transporte registró un aumento de 16,2 %, seguido por vivienda, con 14,9 %; salud, 14,8 %; alimentos y bebidas no alcohólicas, 13 %; y educación, 5,2 %.
Para el economista, este comportamiento confirma el deterioro de la capacidad de compra de los venezolanos.
El impacto resulta especialmente significativo para quienes dependen de ingresos denominados en bolívares.
El salario mínimo continúa fijado en 130 bolívares desde 2022, una cantidad cuyo equivalente en dólares se ha reducido drásticamente debido a la depreciación de la moneda.
El Gobierno ha complementado las remuneraciones mediante bonificaciones y otros mecanismos, mientras los salarios del sector privado presentan diferencias importantes dependiendo de la actividad económica y la región.
¿Hasta dónde podría llegar el dólar?
Las perspectivas para el resto del año tampoco son alentadoras.
Morales estima que Venezuela podría cerrar 2026 con una inflación acumulada situada entre 167 % y 300 %.
En cuanto al mercado cambiario, proyecta una tasa entre 950 y 1.150 bolívares por dólar al finalizar el año.
Estas cifras corresponden a una proyección del economista y dependerán del comportamiento de variables como el gasto público, la liquidez monetaria, los ingresos petroleros y la política cambiaria del BCV.
El especialista advierte que una mayor depreciación podría continuar debilitando el poder adquisitivo y aumentar los niveles de pobreza monetaria.
La gran interrogante: ¿cuál es el plan económico?
La incertidumbre sobre los próximos meses aumenta por la ausencia de una estrategia macroeconómica presentada públicamente por la administración de Delcy Rodríguez.
Morales cuestionó que después de siete meses de gestión no se conozca un programa que establezca las prioridades económicas y fiscales.
También considera fundamental conocer el presupuesto nacional y disponer de mayor información sobre los ingresos provenientes de las exportaciones petroleras.
Sin esos datos, explicó, resulta difícil determinar la capacidad fiscal del Estado para financiar eventuales aumentos de las remuneraciones de los trabajadores.
Para Morales, la ausencia de una hoja de ruta claramente definida genera la percepción de que la economía venezolana continúa “a la deriva”.
Comerciantes sobreviven reduciendo sus ganancias
Detrás de los indicadores económicos se encuentra una realidad cotidiana que afecta directamente al comercio.
Carlos Gómez mantiene un pequeño negocio de venta de tortas en Maracaibo y asegura que ha tenido que sacrificar parte de sus márgenes para conservar a sus clientes.
“Todo ha aumentado, pero tampoco puedo subir mucho los precios de las tortas porque espanto a los clientes”, explicó.
Pese a las dificultades, asegura que continúa trabajando porque mantiene la esperanza de una recuperación económica.
Una experiencia similar relata Sergio Villasmil, propietario de un pequeño abasto en el sector Cuatricentenario de Maracaibo. Describe el incremento de los precios como “exponencial” y afirma que ha tenido que operar con márgenes mínimos.
Ángel Chacín, vendedor de frutas y verduras, explica que buena parte de sus productos conserva precios relativamente estables cuando se calculan en dólares.
El problema aparece al convertir esos precios a bolívares.
“Lo que ha variado es el precio del dólar”, señaló.
BCV inyectó miles de millones al mercado cambiario
Otro punto del debate está relacionado con la estrategia utilizada para contener la brecha entre el dólar oficial y las cotizaciones paralelas.
Según los datos expuestos por Morales, el BCV habría suministrado alrededor de 9.000 millones de dólares al mercado cambiario entre febrero y julio de 2026.
El economista sostiene que, pese a esa intervención, no fue posible evitar una fuerte depreciación del bolívar.
Una de las razones, explica, estaría en la diferencia existente entre las cotizaciones oficial y paralela.
Cuando existe una brecha considerable, algunos actores pueden adquirir divisas a una tasa inferior y posteriormente intentar venderlas en mercados donde tienen un precio mayor, una práctica conocida financieramente como arbitraje.
Morales señaló que durante junio la diferencia entre ambas cotizaciones llegó a ubicarse entre 30 % y 40 %.
¿Qué está alimentando la inflación?
El especialista identifica varios factores detrás del incremento sostenido de los precios.
Entre ellos menciona la depreciación acelerada del bolívar, el crecimiento de la liquidez monetaria sin un aumento equivalente de la producción, mayores necesidades de gasto público, presión tributaria y la incertidumbre sobre el comportamiento futuro de la economía.
A esto se suma un mecanismo defensivo utilizado por empresas y comerciantes: establecer precios considerando posibles aumentos futuros de costos y del tipo de cambio.
El resultado es una economía donde consumidores pierden capacidad de compra mientras empresas intentan protegerse de una moneda que continúa depreciándose.
Con cinco meses todavía por delante para terminar 2026, la evolución del dólar y de la inflación será determinante. Pero más allá de las cifras, la principal interrogante continúa abierta: cuál será la estrategia económica del Gobierno para intentar estabilizar la moneda, contener los precios y recuperar el poder adquisitivo de los venezolanos.
