La nueva etapa política que atraviesa Venezuela continúa generando fuertes tensiones dentro del oficialismo, mientras avanzan los cambios impulsados tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio del proceso de transición respaldado por Estados Unidos.

Lo que comenzó como una operación de estabilización política y militar terminó convirtiéndose en una profunda reconfiguración del poder chavista. Desde enero, el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez ha tomado decisiones que hace pocos años parecían impensables dentro de la narrativa de la revolución bolivariana.

Entre ellas destacan el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Washington, el regreso de la Embajada de Estados Unidos a Caracas y la coordinación de ejercicios militares conjuntos en territorio venezolano, incluyendo operaciones aéreas con aeronaves Osprey y presencia del Comando Sur estadounidense en la capital.

La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero marcó un punto de quiebre en el escenario político venezolano. Desde entonces, Washington ha incrementado su influencia sobre el proceso de transición, mientras sectores del chavismo comienzan a mostrar señales de fractura interna.

La segunda fase del plan impulsado por la administración de Donald Trump apunta directamente a la restructuración económica del país, especialmente sobre la industria petrolera. Diversas reformas recientes han abierto espacios a capitales internacionales y flexibilizado antiguos controles estatales sobre PDVSA, generando críticas entre dirigentes históricos del chavismo que consideran que se está desmontando el modelo impulsado por Hugo Chávez.

Analistas políticos sostienen que el principal golpe para el oficialismo no ha sido únicamente la caída de Maduro, sino la transformación ideológica que atraviesa el propio movimiento chavista. Sectores radicales del oficialismo han comenzado a denunciar lo que califican como una “pérdida de soberanía” y una creciente dependencia de Washington para mantener la estabilidad institucional y económica.

Mientras tanto, el nuevo aparato político encabezado por Delcy Rodríguez intenta proyectar una imagen de estabilidad y apertura internacional, apostando por inversiones extranjeras, acuerdos energéticos y reinstitucionalización política como parte de una transición supervisada.

En paralelo, Estados Unidos mantiene abiertas nuevas investigaciones judiciales contra Nicolás Maduro, actualmente detenido en Nueva York, donde enfrenta cargos relacionados con narcotráfico, terrorismo y lavado de dinero.

La tercera fase del proceso estaría enfocada en futuras elecciones y la reconstrucción institucional venezolana, aunque todavía persisten dudas sobre el alcance real de la transición y el futuro del chavismo como fuerza política dominante en el país.

El escenario actual refleja un cambio sin precedentes en la historia reciente de Venezuela: un movimiento político que durante años construyó su discurso alrededor del antiimperialismo y la confrontación con Washington ahora depende, en gran medida, de acuerdos internacionales y respaldo externo para sostener la gobernabilidad.